Primer caso de éxito del nuevo instrumento financiero impulsado por Som Audiovisual y Seira: la colaboración entre Clack Audiovisual y Quàlia.

El artículo 39.1.7 de la Ley del Impuesto de Sociedades regula la deducción fiscal para las contribuyentes que participen en la financiación de actividades de producción audiovisual.

Con este instrumento, cooperativas inversoras y cooperativas audiovisuales intercooperan en un mismo mercado a través de un modelo de financiación coherente con los valores de la ESS.

En octubre se firmó el primer contrato de intercooperación entre la cooperativa Clack Audiovisual y la cooperativa inversora Quàlia. Este contrato permitirá financiar el cortometraje Flor del Cel, producido por Clack.

Eloi, ¿qué supone para Clack Audiovisual esta colaboración?

Una satisfacción muy grande. Hemos encajado muy bien los intereses de ambas partes, siempre desde el principio de la relación de beneficio mutuo, transparencia y voluntad de sumar. Cuando una cooperativa de cierta envergadura como Quàlia decide apostar por este mecanismo de inversión social con un cortometraje de ficción como Flor del Cel, contribuye a hacer posible un cine catalán arraigado en el territorio y comprometido con su memoria feminista y social. Es un pequeño gran milagro.

Nos permite pensar nuevas líneas regulares y a largo plazo de financiación de nuestras obras audiovisuales en un marco no lucrativo, social, cooperativo, generoso y de fortalecimiento del movimiento. Y consideramos estratégico hacerlo de la mano de Seira Impuls Cooperatiu y de la cooperativa de segundo grado Som Audiovisual, donde tenemos compañeras de viaje excepcionales como Bitlab o Quepo.

¿Qué impacto esperáis que tenga esta intercooperación en el sector audiovisual cooperativo?

La producción audiovisual cooperativa a menudo es más artesanal e independiente. Esto dificulta el acceso a ciertos financiamientos públicos, más pensados para modelos industriales y de gran formato. Con esta intercooperación demostramos que la fraternidad, el apoyo mutuo y la voluntad de impactar social y culturalmente no son palabras vacías.

Desde la economía social construimos mecanismos que impulsan proyectos culturales con imaginarios críticos. Nos hacen más sostenibles y más fuertes. Pero, sobre todo, incrementan nuestra capacidad como productoras cinematográficas y audiovisuales para generar discursos más periféricos, feministas, antirracistas o comunitarios. O que apuesten por la lengua catalana. Es un paso importante para promover y consolidar el mercado social catalán de la cultura. Desde los hechos.

Lluís, ¿cómo ha sido para Quàlia el proceso de inversión?

Ha sido muy sencillo y transparente. Desde el primer momento sentimos que formábamos parte de un mecanismo colectivo con sentido, no de una operación financiera. La intermediación de Seira y Som Audiovisual ha permitido que entendiéramos bien el proceso y que todo tuviera coherencia con nuestra manera de hacer: generar retorno social y cultural.

¿Qué os animó a invertir?

La convicción de que la cultura también es transformadora y que desde la economía social podemos apoyarla de manera responsable. El proyecto Flor del Cel nos emocionó por su arraigo al territorio y su mirada feminista. Apostar por él era una manera de poner nuestro granito de arena para un modelo cultural cooperativo, sostenible y comprometido.

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